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#Entrevista | Agostina Ortega

Bienvenidos a Creo en las hadas, en esta oportunidad los invito a dejarse atrapar por Verano eterno, de la mano de su autora que amablemente me ha concedido esta ENTREVISTA. Conozcamos a...




Estoy muy contenta con que seas parte del espacio especial dedicado a los autores argentinos. Te agradezco y quisiera que nos contaras un poco sobre vos.


Soy Agostina Ortega. Vivo en Córdoba Capital, aunque en realidad soy de Neuquén, Plaza Huincul. Tengo 21 años. Estudio Producción en Bioimágenes. En mis tiempos libres administro una página y blog donde hablo sobre libros general. Y lo mas importante, amo escribir desde los 12 años, tiempo donde empezó a surgir Verano eterno, mi novela publicada.


Sin preámbulos entonces, arranquemos de lleno con esta historia, que ya ha estado circulando sin parar por la blogósfera. ¿Qué me podés contar de tu novela?

Verano Eterno esta contada por una chica sencilla que se llama Emma. Ella cuenta su experiencia de sus primeras vacaciones de Verano y su primer amor. Es una historia Romántica Juvenil donde se van a encontrar no solo con el romance, sino el misterio y los conflictos. Esta Historia surgió con un "que pasaria" , para los que leyeron el libro se imaginaran de que hablo. Obvio que como lo empece a los 12 años esa historia era un cuento y no tanto como novela. Pero fue a los 16 cuando decidí que crezca y publicarlo en un blog capítulo por capítulo. 

Me encantan las historias de amor... ♥ y también me intriga saber cómo es el proceso de escritura de los autores que leo o estoy por leer. (Mi agradecimiento a vos, Agos, y a Tinta Libre que en breve me estarán haciendo llegar el e-book para reseñar! GRACIAS!!)

No tengo un lugar especifico para escribir, pero si tiene que ser acompañado con música. 

Las melodías siempre nos inspiran y generan la atmósfera ideal para disfrutar, crear y, por qué no también, dejar un poquito de uno mismo en lo que hacemos. En tu caso, ¿que hay de Agos en la protagonista de Verano Eterno?

Emma tiene un 70% de mi personalidad, ambas somos tímidas y cerradas. Pero al pasar los años y también yo he crecido me he separado mucho del personaje... Lo que si siempre destaco que ella es más precipitada al tomar las decisiones, en cambio yo pienso mil veces las cosas. También las relaciones con su familia es algo que nos separa. Ella es distante, cuando en mi caso pasa todo lo contrario. 

Me gustaría saber cuál es tu romance literario preferido, si lo hay.

Tengo muchos romances literario, pero voy a destacar a 2: A Edward y Bella, más que nada por ser el primer pareja literaria que me atrapó, y Gabriel y Julia del libro "el infierno de Gabriel". 

Agos, por favor, contanos de tus próximos proyectos. Igualmente dejamos el link a la FAN PAGE del libro para el que quiera saber más o contactarse por el libro.

Mi próximo libro seria la continuación de Verano eterno ya que es una trilogía, y una historia muy aparte la cual pronto será publicada en Internet! 

Para cerrar, quisiera les regalaras unas palabras a aquellos que están leyendo esta entrevista.

Mi mensaje que quiero dejar no es solo con la historia, sino con mi experiencia en el sentido que nunca se rinda. Estamos acostumbrados a subestimar a la mayoría de los jóvenes y no nos damos cuenta que tenemos mucho potencial. 

¡Maravilloso! De nuevo, muchísimas gracias por aceptar contestar estas preguntitas. Es un placer leerte...

y hablando de leer, los dejo con un FRAGMENTO de Verano Eterno: 


EN UN RATITO ME LO MANDA AGOS... ;)


Yo seleccioné este:

"...Enséñale lluvia,
Que tú siempre traes esperanza
Como la esperanza que tengo
Ahora que te siento”












Espero les haya gustado.

Ada

CUENTOS DE VERANO 5 - Historias | V. R.

Epígrafe: “Sólo se trata de vivir, esa es la historia”, La vida es una moneda, Fito Páez.

Historias


Millones de historias giran a mi alrededor.
Les mentiría si dijera que no reparo en ellas ya que, sinceramente, es inevitable.
He visto demasiado desde que mi familia me tirara a la calle por ser yo mismo. Ya no tengo un collar pero sé que no es necesario cuando veo cuán atados están todos a sus rutinas, con su control y su caos. Me las conozco bien.
Algunos también me conocen, aunque finjan lo contrario.
Soy tan del barrio como la plaza de la vuelta y soy libre a pesar de permanecer tan cerca. ¿Volverán por mí?
Ella sí lo hace. Es una señora mayor que se apiada y me regala alimento y unos minutos de su tiempo mientras otros pasan apurados o despreocupados, con alguien o en soledad, chicos y grandes.
Cada uno con lápiz y papel imaginarios van dibujando su vida como deben, como pueden, entre sueños y realidades.
He visto como dan vueltas, día tras día. ¿Lo disfrutarán?
Aburrido, me recuesto pero con la panza llena, para mi tranquilidad.
Es verdad que yo no tengo muchas preocupaciones, enredos de amor, una familia que mantener ni tampoco esos vehículos que los llevan a quién sabe dónde. A mí me dejaron acá, de pasada cuando iban a visitar a alguien que quizás ya conocí…
Y sigue el desfile frente a mí y frente a la vida, sin mirar a su alrededor o más allá o incluso dentro de ellos mismos. Para algunos será mejor así y yo no soy quién para juzgarlos.
Y veo pasar un auto más pero éste altera mis sentidos. No distingo el color pero los olores me guían. Me acercó y los veo estacionar y bajar. Pasan a mi lado y el más joven me mira. ¿Me reconoce?
Lo cierto es que sigue su camino, como los demás.

Y yo sigo acá, observando, resistiendo a la calle y entendiendo. Sólo se trata de vivir, esa es la historia.

                                  





CUENTOS DE VERANO 4 - Confesión | V. R.

Epígrafe: “Déjame atravesar el viento sin documentos, que lo haré por el tiempo que tuvimos…” de Sin documentos ― Andrés Calamaro (Los Rodríguez)

Confesión


La sangre manchaba mis manos. Por un momento pensé que me pertenecía pues el dolor intenso era más de lo que podía soportar. No era físico.
Esos ojos, los tuyos, me miraban sin el brillo habitual. Tu sonrisa apagada en una mueca de horror, aún cuando tus labios me invitaban a morder hasta perderme en el tiempo, en el espacio, y dejar de respirar. ¡No respira!
En un segundo de lucidez entendí lo que estaba mal.
Las puñaladas en tu maravilloso cuerpo aún despedían aquel líquido carmesí que nublara mi vista, mi entendimiento, mi cordura. Me había cegado y cada gota clamaba por mí, hambriento de ira, celos, y amor.
¿Cómo pude ser capaz? No, yo no…
La dejé un momento y en mi desesperación busqué en derredor al culpable y me topé con el cuchillo. Estábamos en casa, estábamos solos.
Volví junto a ella. La besé con esa ilusión infantil de que despertaría y todo sería como antes. Nada sucedió, si era demasiado tarde. Comencé a llorar.
“Fui yo…” La triste confesión brotó de mi boca seca y con gusto a sangre y sal.
¿Cuándo? ¿Cómo? En el momento en que perdí la conciencia y me dejé envolver en la locura. No puedo recordarlo. Tampoco quiero.
¿Por qué? ¿Por qué? Si la amo… Si te amo y no quiero perderte. Nunca quise.
Me acosté a su lado, la abracé y volví a besarla. Cerré mis ojos con fuerza y al abrirlos con la esperanza de que ella sólo dormía, nada había cambiado.
¡No me dejes! ¡Perdoname! Yo no puedo…
De repente, comprendí que no tenía alternativa.
¿Cómo mirar a los demás a los ojos? ¿Cómo mirarte si ya no estarías aquí conmigo? ¿Cómo ver en mi interior si solamente encontraría vacío y sufrimiento? ¿Cómo hacer para vivir de recuerdos? Ya te extraño.
Tomé el cuchillo una vez más. No estaba lejos. No es la culpa ni la locura, es mi amor que te buscará por siempre el que guía mi mano ahora.
Déjame atravesar el viento sin documentos, que lo haré por el tiempo que tuvimos…

Nuestros ojos se encontraron, por última vez. Todos lo sabrían. Fui yo.

                               


Autora: Vanina Rodríguez.

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CUENTOS DE VERANO 3 - Hundido | V. R.

Epígrafe: “Estoy que no doy más, no va más. No puedo soportar las decepciones” de Desesperado secuencia uno – Federico Mouras (Virus).

Hundido.


Era uno más. No le atendía el teléfono y hacía tiempo ya que le habían cortado el celular por falta de pago así que ella decidió caminar a su encuentro y brindarle apoyo, su compañía. Alejandra no estaba en mejor situación.
Pero su amigo había sabido lo que era tener un buen trabajo y hasta la promesa de un ascenso. Sólo una promesa, ya que, de repente, todo había cambiado y demasiado rápido. Además, el gobierno no hacía más que decepcionarlo, como a todos.
Preso de sus deudas, él se encontraba al borde del desalojo, que decían podía ser frenado pero el hombre no lo sabía, desesperado e indignado, y aislado.
¿Por qué? Si no había necesidad de alejarse sino que era tiempo de unirse.
La mujer golpeó la puerta del departamento, que era lo único que le quedaba por el momento. Reflexionó un instante.
―Estoy que no doy más, no va más. No puedo soportar las decepciones ―le había dicho.
Le había restado importancia, peores cosas había escuchado en los últimos días. Tampoco le sorprendía, todos tenían momentos en los cuales se hundían en el pesimismo. Sin embargo, nunca había dejado de comunicarse con ella.
Gritó y golpeó y una negativa débil se oyó o Alejandra creyó oír.
Enseguida, pensó en buscar un cerrajero. Quería verlo, necesitaba comprobar que su preocupación era infundada.
Insistió un poco más.
No le abrió. Ya no esperaba el milagro sino el final.

                                   
                                         

Autora: Vanina Rodríguez.

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CUENTOS DE VERANO 2 - Vientos de libertad | V. R.

Epígrafe: “Búsquenme donde se detiene el viento, donde haya paz o no exista el tiempo” de En el país de la libertad – León Gieco.

Vientos de libertad.


Cansada de llorar, otra carta venía a aplacar la espera. El momento del reencuentro llegaría. Tenía fe.
Hacía tan sólo unos días desde que mi amor se había embarcado hacia tierras lejanas, con lo puesto y la esperanza como equipaje.
 “Era por el bien de los dos”, decía.
Nuestro país ya nada podía darnos, más que incertidumbre, sufrimiento y hambre. Nos acorralaba hacia el abismo. Y la posibilidad del viaje abría puertas que quizás nunca debieron abrirse.
La distancia desafiaría los límites de hasta dónde puede llegar nuestro amor y mi corazón va con él, junto a las mareas de cambio, impulsado por vientos de libertad.
Había dejado varios sobres antes de partir. Algún amigo me los entregaba.
No había lugar para miedos, pensar en el desarraigo o un futuro negro cuando el cielo celeste y el sol son testigos privilegiados de su travesía y así lo expresaba en su primera misiva.
¡No veía la hora de vivir esa misma experiencia! Deseaba más que nada volver a estar juntos. Contaba los días y las monedas para el pasaje. Ya casi…
¿Tormenta? ¿Qué significaba ello?
Unos meses me separaban de él y sus palabras llegaban como un aliciente: “Búsquenme donde se detiene el viento, donde haya paz o no exista el tiempo.”

Premonitorias palabras que me susurraban en el oído con una voz perdida en mi memoria, su voz, ahora que finalmente leía e intentaba asimilar el contenido de esta nueva nota, que no le pertenecía pues nunca llegaría a destino. Y yo tampoco.

                                      

Autora: Vanina Rodríguez.

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CUENTOS DE VERANO 1 - Café amargo | V. R.

Epígrafe: “Muchos humanos, son importantes, silla mediante, látigo en mano” de Carta
de un león a otro – Chico Novarro.

Café amargo.

Todo, yo lo veía todo. Veía como a cada paso suyo por el cafetal le hacían lugar, lo saludaban respetuosamente, trataban de pasar desapercibidos a su vista y, si era posible, se escondían antes de que pasara. Era el Amo.
―Vendrán tiempos mejores ―me decía mi madre curando las heridas de la espalda azotada de mi padre.
Los esclavos negros eran el blanco de todos sus arranques violentos y abusos por el desafortunado hecho de existir, aún cuando le servían y su esfuerzo era el que llenaba sus arcas, el que degustaban otros blancos con el mismo amargo placer.
Pero no éramos los únicos que compartíamos el vasto terreno de las plantaciones con él, a quien ya nada le importaba de lo que ocurría más allá de sus dominios. A nadie le importaba lo que sucedía dentro, tampoco.
Su mujer, cansada de su maltrato se había marchado con un hermano nuestro. Un error por el que pagábamos todos. Y también tenía un hijo de mi edad, Patricio, pero no se me estaba permitido acercarme y no me animaba a hacerlo.
―¡Fuera rata! ―me gritaba el Amo y yo corría a ocultarme, sabiendo que no había lugar para esconderme de esos ojos negros que todo lo veían, al igual que yo.
Un trozo de pan, un simple gesto que aplacaba mi hambre de la mano inocente de ese niño. Y luego, luego el único castigo que no vería.
Años calcados se sucedían mientras crecíamos, en la casa grande él, en las barracas yo.
Y el día había llegado, mi padre ya no lo vería, y el hombre más joven tomaba su lugar con la daga de la violencia en alto como si el león viejo ya no pudiera luchar por su reinado. Algunos son mil veces peores que una fiera salvaje. Muchos humanos, son importantes, silla mediante, látigo en mano.

Patricio había vencido y llenitos de esperanza aclamábamos entre brisas de café al nuevo Señor… que pega más fuerte.

                         


Autora: Vanina Rodríguez.

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